
Osasuna cayó 1-2 ante Atlético de Madrid en un partido que dejó más preocupación que claridad. El equipo rojillo tuvo posesión, empuje, 23 remates y superioridad numérica en el tramo final, pero volvió a fallar en los momentos clave y terminó sin premio.
Osasuna empezó con demasiada prisa
El equipo de Lisci entró al partido acelerado y esa ansiedad le pasó factura. Atlético, ya con aire de cierre de temporada y menos tensión competitiva en la primera parte, necesitaba otro tipo de partido. Osasuna quiso resolver demasiado pronto y acabó pagando su falta de calma.
La urgencia se notó desde el minuto 8, cuando Budimir se molestó porque sus compañeros tardaron en sacar de banda. El delantero quería poner rápido el balón en juego, pero esa reacción reflejaba una precipitación excesiva para una fase tan temprana del encuentro.
Poco después llegó el penalti de Galán. El lateral primero protegió los brazos detrás de la espalda, pero terminó separando el izquierdo justo cuando Griezmann golpeó el balón. La acción marcó parte de su noche, en la que no encontró el nivel diferencial que había mostrado en otros partidos.
Las ocasiones no bastaron ante un Atlético más sereno
Osasuna acumuló llegadas y disparos, pero no convirtió su dominio en resultado. De los 23 remates, 14 fueron fuera del arco. El equipo no perdió por falta de esfuerzo, sino por no manejar bien las circunstancias del partido.
Budimir tampoco tuvo su mejor noche en el área. Falló un mano a mano ante Musso y luego reclamó un penalti del guardameta argentino que el VAR descartó. Esa acción aumentó la tensión del croata y del banquillo rojillo.
Lisci también mostró nerviosismo. Se le vio muy alterado cuando Rubén García eligió otro pase dentro del área en lugar de terminar la acción con un disparo. La lesión muscular de Raúl Moro añadió otro problema a una noche cada vez más torcida.
El tramo final aumentó la frustración rojilla
La segunda parte no cambió demasiado el guion. Osasuna siguió colgando balones al área, Catena acabó actuando casi como delantero centro y Kike Barja asumió el rol de agitador. Aitor Fernández fue de los pocos que transmitió tranquilidad en medio de un clima muy cargado.
Budimir también cayó en la provocación de Pubill antes de una falta y terminó amonestado tras empujar al defensa. El partido se fue llenando de interrupciones, protestas y tarjetas, mientras Atlético supo administrar mejor cada situación.
La derrota duele más porque Osasuna desperdició otra ocasión de acercarse a Europa. Al mismo tiempo, la zona baja sigue apretando y la permanencia todavía exige atención en las dos jornadas finales.
El osasunismo queda en alerta antes del cierre
La ansiedad que ya se había visto en la derrota contra Levante volvió a aparecer con más fuerza. Parte de la afición empieza a mirar con miedo hacia el descenso, mientras otros prefieren esperar al cierre de la jornada antes de hacer cuentas.
Lo cierto es que el ambiente queda condicionado hasta el domingo. Osasuna necesita reaccionar, cerrar filas y convertir El Sadar en apoyo real para el equipo. La situación no está sentenciada, pero la derrota ante Atlético obliga a activar todas las alarmas.